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viernes, 23 de diciembre de 2011

La era de la emergencia crónica



"Los futuros incrementos salariales a otorgarse, durante la vigencia del presente, a la Administración Central, Descentralizada, Entidades Autárquicas, Empresas y Sociedades del Estado, estarán fundados en los mayores ingresos que obtenga el erario Provincial, en la reducción de los gastos de funcionamiento del Estado, y basados en criterios de productividad, eficiencia y presentismo" Néstor Kirchner/Diciembre 1991
 
Por Héctor Barabino

 
“La historia nos ubica en una opción de hierro: o permanecemos impasibles contemplando la caída de todo a nuestro alrededor, o actuamos para que el conjunto se salve, para que la provincia emerja de su postración. Lo decíamos  en plena campaña proselitista, nos angustia una Santa Cruz anarquizada en sus funciones, saqueada en sus recursos, y  quebrada en sus finanzas que ve llegar el siglo XXI postergada y postrada” dramatizaba Néstor Kirchner en su primer discurso como gobernador en diciembre de 1991.
 
Con rostro adusto y voz firme, Kirchner anunciaba la emergencia económica provincial que incluía medidas de inusitada dureza aprovechando  su  imagen de administrador prolijo, riguroso,  y honesto,  forjada tras cuatro años de gestión al frente de la intendencia de Río Gallegos que venía “a salvar a la provincia en llamas”  tras la pésima gestión del gobernador Ricardo Del Val quien tuvo que abandonar el  gobierno para eludir un juicio político impulsado por sus propios partidarios, entre otros,  Néstor KirchnerSe inauguraban así veinte años de gobierno absoluto del Frente Para la Victoria con  la suma del poder público a partir de mayorías electorales que  se fueron tornando hegemónicas por vía de la manipulación institucional, el clientelismo electoral, la compra de opositores venales, la censura en los medios públicos y la prostitución de medios privados seducidos por la pauta oficial. Todo ello  en el marco del paradigma de estos tiempos:   la corrupción como forma de financiamiento de la política.
 
Durante décadas Santa Cruz fue la envidia de las demás  provincias argentinas. Considerada entre las más ricas del país, pródiga en recursos, petróleo, gas, minería, pesca, turismo, con una población joven, sin desocupación ni pobreza,  ni asentamientos de emergencia, con empleo público prestigiado sin trabajadores ni sueldos en negro, jubilados satisfechos,  un Banco Provincial saneado  y consolidado como la herramienta financiera del estado, y un futuro industrial que parecía inevitable a partir de sus enormes fuentes naturales de energía.
 
Apenas iniciada la era K Santa Cruz cobró 630 millones de dólares extras derivados de la reliquidación de regalías petroleras que luego fueron duplicadas por una operación financiera de compra venta de bonos de YPF.
 
En aquel tiempo Kirchner defendía la convertibilidad:  “la Leyde Convertibilidad N° 23.928, de Consolidación de Deudas N° 23.982 y más recientemente el Decreto de Desregulación dela Economía N° 2.284/91…. han operado cambios sustanciales en el país” reconocía en el decreto 139/91 que llevaba su firma junto a las de  Carlos Zannini, Julio De Vido, Ricardo jaime,  y  Alicia Kirchner.
 
Y  no era para menos,  el presupuesto del año 1992 apenas alcanzaba los cuatrocientos millones de pesos y los fondos que fueron depositados en el exterior sin destino cierto ni control de ningún tipo, sumaban por entonces tres presupuestos provinciales a razón de un peso, un dólar.
 
Podría aseverarse sin prejuicios que Santa Cruz estaba condenada al éxito.
 
Sin embargo no alcanzó a concretar aquellos augurios de provincia modelo de administración con bienestar y crecimiento.
 
Por el contrario, hoy atraviesa una de las peores crisis de su historia. Paradójicamente con un gobierno nacional nacido y criado en Santa Cruz que inauguró un ciclo de estabilidad institucional,  política y económica como pocas veces ocurrió en la Argentina acostumbrada a todo tipo de sobresaltos, a  Santa Cruz no le fue tan bien durante las presidencias K más allá de los anuncios magnos que prometen mega obras y de los slogans de “una provincia que ahora está inserta en el mapa de la argentina”; “que dejó de ser la periferia de la patria” y que para muchos aún constituye “la tierra prometida”
 
Veinte años no es nada
 
En 1993 la planta de personal de la administración pública contaba  16.440 agentes activos y 5.229 jubilados, el pago de sueldos y haberes –en blanco- insumía el 40% del presupuesto provincial que sumaba  $438.502.970.
 
En veinte años el número de estatales creció  dos veces y media,  y el presupuesto  veinte veces.
 
¿Dónde estuvo el descalabro? ¿En que momento se perdieron las cuentas? ¿Cómo fue posible que tanta confusión y desidia expuesta haya pasado inadvertida para tantos?
 
“Resulta inútil y estéril hoy, debatir recurrentemente sobre un reparto de las responsabilidades entre los actores de la política provincial que pudieran ser los más responsables de la actual situación.  Lo único verdaderamente importante hoy, es enfrentar y superar esta verdadera emergencia que pone en riesgo la supervivencia institucional de la Provincia”  profería un Kirchner indulgente y conciliador
 
A punto de culminar 2011 Santa Cruz está a las puertas de una nueva emergencia económica   por causa y efecto del mismo gobierno que dictó la ley de emergencia 2263/91  que aún no fue derogada pero  tampoco cumplida salvo en sus aspectos mas sensibles como la suspensión de los convenios colectivos, la reducción salarial del 10% y el 15% por decreto 309/92, la racionalización de la planta de personal,  y la fijación de los sueldos por decreto
 
La  conformación de una “comisión de negociación salarial” ;  la creación de un nuevo Convenio Colectivo para los empleados públicos; el “emplazamiento para que los funcionarios declaren su estado patrimonial”; las demandas judiciales “por daños y perjuicios contra los funcionarios que hayan comprometido patrimonialmente a la provincia”; y la obligación del Ministerio de Economía de publicar mensualmente un balance de caja del Tesoro Provincial”, quedaron en la letra muerta de un texto de anuncios efectistas que solo sirvieron para justificar lo que verdaderamente importaba al gobierno: ajustar las cuentas públicas a partir de los” gastos en personal”.
 
¿Estará pensando lo mismo la administración Peralta que hoy depende del salvavidas de nación para pagar sueldos y aguinaldos?
 
La emergencia de 1991 vuelve como un deja vu: “El inicio de esta gestión de Gobierno está signada por la prioritaria necesidad de enfrentar la crisis económica, financiera y administrativa que con  impresionante magnitud afecta la totalidad de los aspectos del transcurrir vital en el ámbito provincial, al punto que nos encontramos ante el nefasto cuadro de contar con un aparato estatal que ni siquiera puede cubrir, en tiempo propio, la obligación que tiene, frente a sus empleados, del pago de sus haberes; un Estado que, sin cumplir la finalidad para la que lo buscó, se ha endeudado en créditos millonarios en dólares y afectado con ello sus ingresos, además de incrementar irresponsablemente sus gastos” habla la voz de la conciencia impresa en el decreto 139/91
 
Bien podría parafrasearse aquella sensación que transmitió Kirchner en diciembre de 1991 “nos angustia una Santa Cruz anarquizada en sus funciones, saqueada en sus recursos, y  quebrada en sus finanzas que ve llegar el siglo XXI postergada y postrada”
 
Mas aún teniendo en cuenta que hoy los recursos están enajenados; el Banco Santa Cruz permanece en manos del  mismo dueño del petróleo que no está dispuesto a repartir una gota más de lo que pactó por sus fabulosas ganancias; la minería saqueada; la pesca capturada por corporaciones cuasi mafiosas que viven al margen de la economía provincial y financian políticos y funcionarios; el sistema previsional quebrado; y los fondos por regalías que constituían “los ahorros de todos los santacruceños que jamás se van a utilizar en gastos corrientes”  hoy son solo un mal recuerdo de una promesa que nunca fue.
 
http://www.elsurhoy.com.ar/home/locales/4612-la-era-de-la-emergencia-cronica

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