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domingo, 17 de abril de 2011

Alerta por la detección de turismo sexual infantil en la Argentina

drama social

Organizaciones internacionales detectaron la presencia en Argentina de ofertas de turismo sexual infantil para turistas, sobre todo europeos o norteamericanos. Se trata del impacto local de un flagelo que, nacido en países asiáticos como Tailandia, en los últimos 15 años ha comenzado a extenderse al resto del mundo. Según Unicef, cada año son prostituidos un millón de niños. Y la explotación sexual de menores representa ya el 22% del negocio mundial de la trata de personas, la tercera actividad criminal del mundo que, de acuerdo a cifras de Naciones Unidas, mueve 22.800 millones de dólares al año.

Por Ines Maria Correa

“Hay turismo sexual infantil en la Argentina”. La rotunda afirmación corresponde a Fernando Mao, coordinador para el Mercosur de la Red Alto al Tráfico y la Trata (RATT), que combate la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes. Se trata de la llegada a nuestro país de la oferta sexual de menores, uno de los aspectos más miserables de la trata de personas, el tercer negocio criminal del mundo, con un volumen de negocios anual de 22.800 millones de dólares, según estimaciones de la ONU.
Mao subraya que un estudio realizado en 2008 por el capítulo argentino de la organización descubrió la existencia de una oferta sexual de niñas para “europeos que vienen en paquetes turísticos de pesca en Bella Vista, Corrientes, como así también en las carreras de Turismo Carretera que se realizan en Río Cuarto, Córdoba”. Del mismo modo se pudo comprobar la oferta de niñas indígenas destinadas al turismo sexual exótico en la aldea guaraní Fortín Mbororé de Puerto Iguazú, Misiones. Asimismo, y dentro de la investigación que realizó la RATT Argentina en 2008 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se pudo constatar la captación de varones desde los 12 a 15 años que eran “ofertados” a turistas para una cadena importante de hoteles de la Capital.
Desde una perspectiva regional, Mao considera que el aumento de la explotación sexual de menores de edad en América latina se ha dado por “la falta de autoridad de los órganos de aplicación encargados de imponer justicia y las medidas tomadas por algunos países asiáticos en contra del turismo sexual infantil”.
Afirmar que existe el turismo sexual infantil en nuestro país resulta tan extraño como doloroso, cuando hay tan poca información sobre cómo se lo combate. PERFIL no pudo conocer las cifras ni las acciones de la División Delitos contra menores de la Policía Federal, que se supone persigue el turismo sexual infantil, porque la entrevista no fue autorizada.
La historia. En las últimas décadas se agravó en varias regiones el flagelo del turismo sexual infantil. En 1996, la Argentina participó en Estocolmo, Suecia, del Congreso Mundial en Contra de la Explotación Sexual de Niños/as, que declaró a la expotación comercial sexual de los menores como un tema de “preocupación universal”. Si bien desde entonces se avanzó en algunos aspectos a nivel mundial, como la concientización, la promulgación de leyes y la prevención, aún queda muchísimo para hacer. En nuestro país, desde 2004 que se han presentado distintos proyectos de ley para tipificar al turismo sexual infantil como un delito y preservar a los niños y niñas que son víctimas, pero aún ninguno fue aprobado. Desde aquel congreso, se fue creando una red de organizaciones e individuos que trabajan juntos para eliminar la explotación comercial sexual de niños, niñas y adolescentes. Si bien su coordinación tiene sede en Tailandia, probablemente el país más golpeado por este fenómeno, están trabajando en conjunto con varios países sensibilizados y preocupados por el tema bajo la consigna Eliminemos la prostitución, la pornografía y la trata con propósitos sexuales de niños/as y adolescentes (Ecpat).
Maricruz Tabbia, Responsable Regional para las Américas de esta red, destaca que la organización elaboró en 2008 el documento Combatiendo al turismo sexual con niños y Adolescentes, que advierte que el turismo sexual con niños y adolescentes es un fenómeno que va en aumento. Se tiene registro de la explotación sexual de niños y adolescentes en el turismo como un problema recurrente durante más de 15 años en varios destinos, y sigue siendo una tendencia emergente en otros sitios”.
La red internacional afirma que hay explotación sexual de niños y adolescentes en el turismo cuando “una persona o personas se trasladan desde su lugar de origen o país natal con el objetivo de entablar contacto sexual con niños y adolescentes. El turista sexual con frecuencia recurre al uso de hospedaje, transporte y otros servicios relacionados con el turismo que facilitan el contacto con niños y adolescentes y permiten que el perpetrador mantenga una presencia discreta entre las demás personas y el ambiente que le rodea. Esta explotación tiene que ver con la entrega de dinero, indumentaria, alimentos o algún otro tipo de atención para con el niño/adolescente o un tercero, a cambio del contacto sexual. Ocurre en múltiples sitios que van desde burdeles, playas o hoteles de cinco estrellas en localidades urbanas, rurales o costeras”.
La magnitud. Tabbia destaca que, según datos de Unicef, anualmente 1,2 millones de niños, niñas y adolescentes son explotados sexualmente y laboralmente en todo el mundo. Por su parte, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito estima que el 79% del total de casos de trata a nivel mundial tienen por fin la explotación sexual. La proporción de víctimas menores de 18 años de estos casos pasó entre 2003 y 2007 de un 1,5 a un 22%. Asimismo, creen que genera 22.800 millones de dólares anualmente, constituyendo la tercera actividad criminal más redituable.
Con respecto al turismo sexual hay cifras estimativas, porque al ser un crimen muy poco y muchas veces mal registrado (casos de explotación en prostitución pasan como abuso sexual o corrupción de menores, y casos de trata pueden pasar como privación ilegítima de la libertad) y considerando que la mayoría de los países no cuentan con bases de datos nacionales, se cree que estas cifras en realidad subestiman la verdadera magnitud del problema.
“Sobre la Argentina no hay mucha información, explica Tabbia. Se realizaron algunas investigaciones, pero muy focalizadas, por ejemplo en la Triple Frontera. Trata interna de niñas y adolescentes con fines sexuales es uno de los problemas más grandes que tiene el país relacionado a la explotación sexual comercial”. La mayoría de las víctimas vienen de provincias del norte, como Misiones (por donde también se traen jóvenes de Paraguay), pasan a provincias del centro (como Entre Ríos y Santa Fe) donde están los “centros de ablandamiento” y de ahí se las destina a Córdoba, Buenos Aires y provincias del Sur. Una de las particularidades que mencionan organizaciones que están haciendo rescates de víctimas, destaca la activista, “es que el nivel de violencia que estas chicas sufren no tiene comparación. Laceraciones, moretones, quebraduras, quemaduras, en fin, sufren muchísimo a manos de sus tratantes y de los clientes-explotadores. Encima, por la estigmatización que en las comunidades hacen de las víctimas (les dicen que eligen la vida fácil, entre otras cosas), muchas de estas chicas tienen muchísimo temor y sienten mucha vergüenza de volver a sus hogares, por lo tanto, quedan enormemente desamparadas”.
No arruinar el negocio. Ante la multiplicación de denuncias, el sector turístico, uno de los de mayor crecimiento en nuestro país, ha tratado de salir al cruce para evitar que se “ensucie” la actividad. “Al turismo le duele mucho la tipología de turismo sexual. Es injusto, es como un estigma para el sector”, dice Marcela Villares, coordinadora de la Pastoral de Turismo de la Conferencia Episcopal de la Argentina. “Nosotros queremos trabajar para que esto no sea considerado un tipo de turismo. No tenemos un contacto directo que nos permita decir que la Argentina ofrece turismo de este tipo”, agrega.
Por su parte, Adriana Romero, del Foro de Profesionales de Turismo, asegura que estas ofertas “no pasan por el circuito de comercialización legal y tradicional de ningún hotel, no lo vas a encontrar en este circuito. Una oferta así forma parte de la ilegalidad. Eso es lo que le duele al sector, que ha buscado involucrarse en la sensibilización, de dentro de la empresa, para poder trabajar con su gente, porque muchas veces son cosas que escapan al dueño del establecimiento”. Para Romero, la clave para disminuir la explotación sexual de menores es “la condena social: porque si está mal visto, la misma sociedad se encarga de poner las cosas en orden. Esto más allá de buscar que haya legislación, porque las leyes tienen que existir, pero debe haber una mirada social condenatoria”. Lo mismo pide Villares: “A nosotros nos parece que más allá de hablar de leyes o de números, debemos recordar que hablamos de personas humanas, que son menores, que están expuestos a una vida trágica y, a veces, irrecuperable”.
En acción. Las representantes del turismo destacan que en los últimos tiempos hubo varias acciones para enfrentar este grave problema. Las instituciones que representan Villares y Romero divulgaron a finales del año pasado, al comienzo de la actividad turística más importante, una gacetilla a todos sus asociados que afirma que “el turismo está considerado como la tercera fuente de ingresos de la Nación; al mismo tiempo, esta industria sin chimeneas encierra algunos problemas; entre los que nos preocupan, está la explotación sexual de niños, niñas y adolescentes. Es un flagelo para tantas otras naciones y ha comenzado a serlo también para la Argentina. A nivel mundial se piensa que alrededor de un millón de niños cae en la prostitución todos los años (Datos de Unicef, 2009)”.
Desde los poderes públicos, el Congreso tiene a estudio desde 2008 un proyecto del diputado chaqueño Antonio Morante (FpV), Prevención de la Explotación Sexual de Niños, Niñas y Adolescentes en el turismo, que establece “la obligación de exhibir en lugar visible una leyenda que en letra clara y legible, y en idioma español, inglés y portugués diga: ‘la explotación sexual de niños, niñas, adolescentes y la trata de personas en la Argentina es un delito severamente penado’. Esos carteles deberán ser exhibidos en aeropuertos nacionales e internacionales, terminales portuarias, terminales de transporte terrestre, medios de transporte público, pasos fronterizos, oficinas públicas de turismo y medios oficiales de promoción del país”.
Programa especial. Desde 2005, en el Ministerio de Turismo de la Nación funciona el programa Turismo responsable e infancia, que tiene por objetivo la implementación de acciones tendientes a proteger y promover los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en el ámbito del turismo. El programa, según voceros del Ministerio, busca prevenir que los distintos actores del sector turístico no se involucren directa o indirectamente en situaciones de vulneración de los derechos de infancia –en general– y de explotación –laboral o sexual– o de trata en particular. Procuran principalmente la concientización del sector turístico, público y privado, y rechazan la expresión “turismo sexual”.

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